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Hace unos años tuve lo que llamo un momento de epifanía. Llevaba casi 12 años viviendo en Chile, todos ellos inmersa en el ajetreo y ruido propio de Santiago. Siempre he defendido mi ecuación vital: “La vida que quieres = personas + entorno + trabajo + salud + pasiones”. Sin embargo, me di cuenta de que mi propio entorno físico requería un rediseño radical para ser verdaderamente coherente con esa fórmula.
En un fin de semana en la costa, mirando el mar, me pregunté si podría despertar con esa vista mil veces sin aburrirme, llenarme de energía y dar mi 100% todos los días. Habiendo nacido en Rumania, junto al Mar Negro, mi conexión con el agua y la naturaleza siempre ha sido profunda y necesaria. La respuesta fue un “sí” rotundo, por lo que tomé la decisión un sábado de enero y un mes después llegué a vivir a Concón, pasando de una urbe de más de 6 millones de habitantes a una ciudad costera y tranquila de unos 50.000 habitantes.
El reseteo vital frente al mar
Instalar mi home office frente al Océano Pacífico actuó como un tremendo reseteo de vida. Empecé a activarme más temprano con la luz natural, a hacer gran parte de mi vida a pie y a destinar más tiempo a hacer deporte. El entorno condiciona profundamente nuestros comportamientos, y este nuevo espacio me entregó la paz mental y la claridad que necesitaba para enfocarme y crear.
Echando raíces y construyendo comunidad
Al llegar a Concón conocía a muy poca gente en la zona, pero me enfoqué intencionalmente en tejer redes con personas que también privilegian la calidad de vida en provincia. Así co-creamos iniciativas como el “Run & Coffee” en Playa Amarilla, una actividad pensada para sacar a los profesionales tecnológicos y emprendedores de las pantallas, conectando en persona mediante el trote, la caminata y la conversación.
Además, me sumé a Amanda II, un equipo de vela mixto que promueve la igualdad de género en los deportes náuticos y fomenta el liderazgo y el trabajo en equipo. Mi vínculo con esta comunidad local se hizo aún más latente durante los devastadores megaincendios de la Quinta Región, cuando junto a amigos y vecinos nos movilizamos para ir en ayuda directa de mujeres, mascotas y colegas que lo perdieron todo.
Mi nueva (y mejorada) relación con Santiago
Paradójicamente, irme a la costa mejoró mi relación con la capital: hoy paso más tiempo de calidad con mis amigos de Santiago cuando vienen a visitarme que el que pasábamos cuando vivíamos en la misma ciudad.
Sin embargo, reconozco que muchos de los grandes eventos profesionales y el pulso de la industria siguen ocurriendo allá, lo que a veces me hace sentir que no pasa mucho a nivel de industria en la costa. Para no perder el ritmo ni aislarme, empecé a aplicar una táctica de diseño conductual: durante el 2025 me obligué a viajar a Santiago con cierta frecuencia. Iba para facilitar talleres con clientes, hacer clases y tomar muchos cafés presenciales que me permiten mantener vivas las conversaciones de pasillo.
Conectada con el mercado global
Vivir frente al mar en una ciudad pequeña no ha significado desconectarme; de hecho, desde que me mudé me conecté con el mundo más que nunca. El trabajo remoto y mi identidad nómada me permiten empezar el día con una videollamada con mis papás en Rumania mientras preparo mi café, tener una reunión en Meet con un cliente en Europa, ir al gym a la hora del almuerzo y terminar con un podcast en vivo en mi canal de YouTube.
Asimismo, el buen acceso al aeropuerto de Santiago me facilita viajar constantemente para dictar conferencias internacionales o ejecutar proyectos.
Al final del día, elegir o modificar conscientemente nuestro entorno es quizás la decisión estratégica más importante para facilitar la vida y los comportamientos que realmente queremos desarrollar. Porque todo se diseña.
Glocal: desde Concón y la costa para el mundo
El tema es que a pesar de todo, de repente faltaba la conexión profesional con la zona. Y después de conversar con muchos emprendedores de la costa y gente que trabaja en tecnología que se vino a vivir acá en los últimos años, me he dado cuenta que no soy la única que extraña conectar un poco más localmente y no tener que ir a Santiago para un evento, una conferencia o charla.
Y esto no es percepción mía de recién llegada: hay datos detrás. Según un estudio del Instituto de Data Science de la UDD, durante la pandemia alrededor del 4,7% de los habitantes de la Región Metropolitana dejó Santiago, lo que extrapolado da más de 350.000 personas, una migración interna que los propios autores compararon con la de Nueva York. Y el motor no es solo el arriendo caro: estudios del Observatorio de Ciudades UC muestran que más del 40% de quienes se cambiaron de comuna lo hicieron por bienestar, no por necesidad económica. O sea, migración por estilo de vida. Buena parte de esa ola aterrizó justo acá, en el borde costero de Valparaíso, y trajo gente que trabaja en tecnología o de forma remota. Traducido a mi ecuación vital: para mucha más gente de la que yo pensaba, el entorno pasó de ser un dato dado a ser una decisión. Y cuando hay masa crítica de personas que tomaron la misma decisión, hay comunidad esperando ser activada.
Al mismo tiempo, mi canal de YouTube se transformó en un verdadero laboratorio de experimentación social. Allí entrevisté a Iván Wolf de SaludTech, empresa chilena de telemedicina que tiene su sede social en Concón:
Luego entrevisté a Luka de @alukaideas, ingeniero creativo detrás del fenómeno viral @alukaideas, quién también se instaló en Concón:
Fast track a abril del 2026 cuando llegué a ser Embajadora de Lovable, una plataforma de inteligencia artificial que permite construir sitios web, aplicaciones, plataformas y productos digitales sin saber programar (en lenguaje natural). Aprovechando el momento y el interés de las personas en temas de IA, pensé que sería una buena oportunidad empezar a juntarnos de manera más organizada.
Allí compré el dominio y en mayo se armó la primera tarde de coworking en el Philia, un café en el cual siempre voy a trabajar.
Y es así como varias conversaciones, la primera y la segunda tarde de coworking, la hackatón Founder Series x Lovable y la Hackatón: Construyendo soluciones con IA, además de unos trotes sociales, dieron origen a PacificVibes: una iniciativa glocal para conectar el talento local —y particularmente a quienes trabajamos en tecnología o remotamente desde Chile para el mundo— con proyectos de IA y emprendimiento.





